Día de la Bastilla: Francia celebra su fiesta nacional en medio de guerra en Ucrania

Ludovic MARIN / AFP

Cuando el Gobierno de Francia se atreve a dar la espalda al pueblo, las calles de París están en peligro: al menos desde la Toma de la Bastilla, en 1789, la protesta se ha convertido en uno de los mayores símbolo de la nación.

De hecho, parece ser además una larga tradición en la historia del país. El pasado de Francia está salpicado por la sangre y el sacrificio de los manifestantes que han continuado un legado de disidencia y manifestación pública. Esta cultura de la protesta se remonta a los días de la Revolución francesa, y en la fortaleza parisina de la Bastilla, tomada por fuerzas populares el 14 de julio de 1789, se encuentra el comienzo de todo.

El presidente de Francia, Emmanuel Macron, y el jefe del Estado Mayor, Thierry Burkhard, se paran en el coche de mando durante el desfile militar del Día de la Bastilla. (Michel Euler / POOL / AFP).

El Día Nacional de Francia, que se observa cada 14 de julio en honor a aquellos hechos, celebra la toma del poder por parte del pueblo frente a un gobierno tiránico. También es un recordatorio para el régimen actual de que los ciudadanos franceses que los invistieron de poder también tienen la capacidad de destituirlos.

He aquí el resumen de la historia de la Bastilla y de la resistencia que sigue inspirando mucho tiempo después.

En primer lugar, ¿qué fue la Toma de la Bastilla?

En lo que a revoluciones se refiere, nadie las hace mejor que los franceses.

Pero antes de que el tristemente célebre Reinado del Terror pusiera en marcha una serie de decapitaciones con guillotina, los elevados impuestos y un verano de hambruna en 1789 llevaron a los ciudadanos franceses a asaltar el castillo de la Bastilla en París, una fortaleza militar y prisión. La toma representó la resistencia contra los Borbones, la tiránica monarquía francesa.

¿Qué ocurrió en los inicios de la Revolución Francesa?

Por decirlo suavemente, el rey Luis XVI y María Antonieta no eran queridos por el pueblo francés. De hecho, su reinado terminó con su decapitación en la guillotina (y no serían los únicos). Pero las preocupaciones que impulsaron una revolución total fueron mucho más allá de estos dos líderes inadecuados. (Aunque, ciertamente, no ayudaron).

El gasto extravagante de Luis y María Antonieta sólo tenía como rival sus deudas aún más extravagantes, que heredaron del gobierno anterior. En la década de 1780, el desempleo, la escasez de alimentos y los elevados impuestos habían dejado a los plebeyos desesperados y en la indigencia, mientras que la rica nobleza permanecía intacta.

Cuando la monarquía empezó a sentir la presión, Luis convocó a los Estados Generales, el órgano legislativo del país, para la elaboración de un nuevo plan fiscal. El Tercer Estado (conformado por los plebeyos) se separó entonces de los nobles y el clero (los otros dos estados en la asamblea) y exigió una constitución escrita. Esto dio lugar a la creación de la Asamblea Nacional.

Sin embargo, cuando Luis echó al ministro de finanzas Jacques Necker, popular entre los miembros del Tercer Estado, poco después, la respuesta fue explosiva. Los manifestantes franceses fueron las calles y se enfrentaron a los soldados monárquicos, quemando puestos de aduanas y saqueando la ciudad en busca de alimentos y armas. Finalmente, la turba que se formó saqueó el hospital militar Hôtel des Invalides antes de poner sus miras en premios mayores.

La Toma de la Bastilla

La muchedumbre marchó hacia la Bastilla, donde su gobernador, Bernard-Rene de Launay, se acobardó detrás las murallas: aceptó negociar con los delegados, pero finalmente los manifestantes irrumpieron y de Launay dio la orden de disparar contra la multitud. Los revolucionarios sufrieron grandes pérdidas, pero finalmente tomaron la fortaleza después de varias horas.

¿Por qué es importante para Francia?

La Bastilla fue uno de los acontecimientos clave en los inicios de la Revolución Francesa. Hoy se celebra con fuegos artificiales y desfiles. Pero esta conmemoración es mucho más que una fiesta nacional: fomentó una cultura de desobediencia civil en Francia que inspiró innumerables revueltas, levantamientos y manifestaciones durante siglos. He aquí algunos de sus momentos más clave.

La segunda Revolución de 1848

Aproximadamente medio siglo después de los acontecimientos de la Revolución francesa, que tras años de luchas y el surgimiento Napoleón terminó con la restauración monárquica en 1815, el público se movilizó en masa una vez más para derribar el gobierno del rey Luis Felipe. Establecieron la segunda República tras el golpe de Estado de Luis Bonaparte (sobrino de Napoleón). Los acontecimientos formaron parte de una serie de revoluciones en 1848 en las que los revolucionarios de toda Europa protestaron contra monarquías centenarias en Sicilia, Alemania, Italia y Austria.

El “mayo francés” de 1968

Hace cincuenta años, los estudiantes de la prestigiosa Universidad de la Sorbona marcharon en las calles después de que una ocupación en la universidad desencadenara un violento conflicto con la policía de la ciudad. Las protestas fueron famosas por los adoquines que los manifestantes desenterraron y lanzaron hacia la policía. El movimiento de casi 9 millones de estudiantes, trabajadores y funcionarios acabó aplastando la resistencia del gobierno, y condujo a un aumento del 35% del salario mínimo, una subida salarial del 10% y la disolución de la Asamblea Nacional. Pero se produjo a costa de siete muertos y cientos de heridos entre los manifestantes.

Las protestas de 1986 por la reforma universitaria

Al igual que el movimiento de dos décadas antes, la manifestación de 1986 también obligó al gobierno francés a ceder a las demandas del pueblo. Un proyecto de ley sobre los criterios de selección universitaria provocó una agitación masiva de la población; una vez más, las calles de París se llenaron de fuego, sangre y cristales rotos. Las protestas llegaron a un clímax devastador después de que un estudiante que participaba en las protestas fuera golpeado y asesinado por la policía. El proyecto de ley fue finalmente retirado y el ministro que lo propuso renunció.

Los “chalecos amarillos” en 2018

Las calles de París volvieron a arder en 2018 cuando más de 300.000 personas de todo el país se movilizaron contra un impuesto sobre la gasolina y el diésel impuesto por el gobierno.

Los manifestantes conocidos como los “gilet jaunes” (chalecos amarillos, por la ropa de alta visibilidad que llevan los motociclistas en las rutas de Francia) pusieron barricadas en las carreteras, bloquearon depósitos de gasolina, pintarrajearon la propiedad pública y quemaron coches durante semanas en manifestación. Las protestas se convirtieron en una resistencia mucho más amplia contra la administración del presidente Emmanuel Macron.

Se ha llegado a conocer como una de las mayores protestas que la ciudad había visto en décadas, y continuó, en menor medida, hasta bien entrado 2019.

Las protestas por el sistema de pensiones en 2019

El recuerdo de los “chalecos amarillos” aún seguía fresco en la memoria de los franceses y el mundo cuando una nueva manifestación masiva sacudió las calles de París, Marsella y Lyon, en esta ocasión contra la reforma al sistema de pensiones propuesta por el Gobierno de Macron.
A las barricadas y las protestas se sumó también una huelga general, y la tensión continuó hasta febrero de 2020.

Exit mobile version